Eternamente mía.

Photo by Nataliya Vaitkevich from Pexels

Y miro la delicada curva que se dibuja en su rostro y me pregunto en que pensaba Dios al crear esa sonrisa…

Es que miro sus ojos, sus labios, es que esa manera de caminar que vuelve loco a cualquiera, es que me pregunto… “En que pensaba Dios al crearte”.

Es que miro tu cabello y aprecio como baila con el viento y siento ganas de gritarle al universo “ETERNAMENTE MÍA”

Tan mía que me hace dudar de mi existencia, tan mía que no puedo dejar de sonreír, y es que pido al cielo, pido perdón por mi pecado de egoísmo, es que no puedo ni imaginarla con alguien más.

Eternamente mía, sus labios, sus ojos, su cabello y su manera de caminar, es eternamente mía.

O quizás todo el tiempo estuve equivocado…

Quizás y solo quizás, yo soy eternamente suyo, quizás esa curva que se dibuja en su rostro me convenció de ser solo suyo.

Quizás al mirar sus ojos, sus labios, esa manera de caminar me volvió loco e hizo que me preguntará “En que pensaba Dios al crearte”.

Es que al mirar su cabello como bailaba con el viendo le grité al universo “ETERNAMENTE SUYO”.

Soy tan suyo que dudo de mi existencia, tan suyo que no puedo dejar de sonreír, y sí, pido perdón al cielo ya que no puedo imaginarme con nadie más.

Eternamente suyo, mis labios, mis ojos, incluso mi cabello, es eternamente suyo.

Ella y yo nos pertenecemos, yo soy todo cuando estoy con ella y soy nada si no la tengo.

Por eso y mucho más ella es mi complemento.


 

 

 



 

 

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