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El infinito.

“Un segundo era suficiente, pero me encantaría ser tu infinito.”

Hoy lo vi, estoy segura de que era él, sentía su mirada sobre mi, era ese chico… Me hizo recordar mis días en el colegio.

Por alguna extraña razón él me hace sentir bien.

Camino a casa después de un largo día, pensando en todo lo que me ha pasado, todo lo que he sufrido y las lágrimas que acariciaron mis mejillas.

Él nunca lo dijo, pero siempre lo demostró, que tonta fui… Es que lo vi y no ha cambiado nada, un poco más alto solamente, pero esa mirada de “Vamos, tú puedes, todo saldrá bien” no se borra de su rostro.

En fin, es tarde ya.

Tarde para estar juntos y compartir nuestro infinito, yo logré superar cada lágrima, cada decepción y cada mala decisión; esas que vienen disfrazadas de “el amor de tu vida”

Caí en un vacío profundo, pero pude salir de ahí.

Después de tanto tiempo de pensar que nunca encontraría quien me llenara de amor, que era imperfecta y de pisotear mi autoestima; yo, pude levantarme.

Es que ahora me veo en el espejo y me digo:

“¡MÍRATE! Que guapa estás, el mundo debería agradecer por solamente verte caminar”

Ha pasado tanto tiempo desde aquella vez que intento besarme, quizás y solo quizás él estaría conmigo en estos momentos, quizás yo estaría en sus brazos.

Es tan tarde ya, pero estoy segura que él también me vio, en ese momento sentía tantas ganas de correr hacia él y contarle todo, decirle que ya mis lágrimas no son derramadas por alguien que no me merece y que soy feliz.

¿Pudimos ser el infinito? No lo sé, pero un segundo de su vida en mi vida hizo que yo fuera feliz.

Y si no estamos juntos el destino sabrá como jugó sus cartas, pero solo quería abrazarlo y decirle:

“No fuimos el infinito, pero un segundo fue suficiente para ser feliz.”

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